CÁMARA EN MOVIMIENTO

OBJETIVA, IMPERSONAL

 

M, el vampiro de Düsseldorf

En el comienzo de M, el vampiro de Düsseldorf (1931) de Fritz Lang tenemos un plano que podría haberse fragmentado en varios planos, pero se hace con grúa en solo uno. De haberse hecho en varios la significación sería distinta. Primero tenemos el encuadre fijo en picado sobre el juego de los niños; luego la cámara se desplaza a la izquierda y hacia la barandilla del primer piso en un movimiento de grúa y permanece fija en contrapicado; una señora que pasa reprende a los niños para que no reciten el “horrible” estribillo y continúa fija incluso después de que la señora desaparezca. No tenemos ningún corte a la reacción de los niños. Es como si la cámara fuese un narrador objetivo e independiente sin conexión con ningún punto de vista de cualquier personaje; no está a nivel de los niños (que están en picado) ni de la señora (que está en contrapicado). Simplemente registra lo que pasa y esta manera de proceder crea una extraña tensión. De no haberse dispuesto todo así el efecto y la significación serían distintas.